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Imprevisible, pequeña, azarosa, diversa, liberadora, resiliente. La enredadera.

Después del día de la fides con sus ramos de perejil como símbolo de la resiliencia y una excursión al monasterio cisterciense de Huerta, los indianos celebran hoy el comienzo de su noveno año. Aprovecho las fotos que hizo María en Huerta para renovar la cabecera de mi blog con una enredadera, metáfora que me parece aún más poderosa después de leer los relatos hermosamente enlazados de Como una enredadera y no como un árbol.

Me voy a dar el gusto de recorrer de nuevo los mitos de la historia de Internet que los ciberpunk elaboraron en 2003 en este libro colaborativo. Y lo haré siguiendo la metáfora de la enredadera que vertebra el libro.

Al contrario de las revoluciones que, por utilizar métodos parecidos a los que utiliza el poder para perpetuarse, acaban estableciendo un régimen equivalente al derrocado, la enredadera crece imprevisible porque su crecimiento depende de decisiones tomadas persona por persona, aportaciones de hacker. Así llegó, para quedarse y desarrollarse, el cifrado de clave asimétrica.

Mientras las aportaciones del hacker se extendían por el mundo como una enredadera imprevisible, el viejo guardián del secreto seguía viéndolo como un desarrollo lineal de alternativas definidas. Como un árbol que echa sus raíces.

Pequeña ella, la enredadera, como el muérdago, es capaz de desarrollarse sobre lo grande, lo establecido, hackeándolo. Así llegaron, para quedarse y desarrollarse, los ordenadores personales, la Internet libre, los grupos de noticias.

Como una enredadera que brota sobre un árbol, el uso de un nuevo tipo de herramientas irá creciendo y diferenciándose poco a poco a lo largo de los 80.

La estructura distribuida de la enredadera es realmente poderosa. Puede desestabilizar jerarquías y mostrar la verdadera relación entre fines y medios: serán los medios los que determinarán el fin, el resultado. Así llegó el hipertexto, la asociación intuitiva y azarosa. Así llegó, para quedarse y desarrollarse, la web.

El embrujo de la WWW extenderá Internet como una enredadera hasta hacerse casi sinónimos.

Una vez extendida su arquitectura, la enredadera favorece lo diverso y lo disperso en sus raíces y ramas. Posibilita defender la libertad de conocimiento. Así llegaron, para quedarse y desarrollarse, las redes p2p, las comunidades virtuales, la defensa de los derechos civiles en el ciberespacio.

Kapor, que hoy se dedica a la filantropía, la inversión en proyectos de red y a desarrollar personalmente software libre, era el más típico brote californiano de la enredadera.

Como los juegos de rol, la enredadera es territorio de libertad y moverse por ella enseña a ser libre. Pero, al contrario de los juegos de rol, esta vez la libertad es real.

Fragmentario, invisible, imparable, un nuevo espíritu empezaba a cubrir como una enredadera las ruinas. Sólo eran brotes. ¿Quién habría de temerles?

La crisis de las empresas puntocom mostró que todo lo que había llegado de la mano de la enredadera, realmente vino para quedarse y desarrollarse.

Al final de la batalla de los .com, la sociedad red es más numerosa y fuerte que antes. Informe y poderosa, como un monstruo espacial del pulp cinematográfico de los 50, como una enredadera mutante, la netocracia absorbe e incorpora los restos del naufragio de sus poderosos enemigos, árboles caídos. Cada batalla no puede ser sino más virulenta que la anterior.

La enredadera, la estructura de red distribuida demostró ser resiliente. Y a partir de entonces serán muchas las veces que demostraría serlo.

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Nuevos aires

Después de un largo e intenso mes de agosto que pasé entero en Madrid (y cuya historia merecerá ser contada), ¡qué bien ha sentado respirar nuevos aires en una evocadora y exquisita excursión intrapeninsular y transfronteriza que compartí con los indianos!

Destellos de Barabási en Budapest

En la revista publicitaria de la librería budapestina donde compré el libro del post anterior, leí un artículo sobre el nuevo libro de Albert-László Barabási que se titula Bursts: the hidden pattern behind everything we do. A “bursts” lo tradujeron al húngaro como “destellos” (villanások); en castellano la palabra que mejor transmite el significado original sería, quizás, “arrebatos”.

Tengo todavía pendiente la lectura del primer libro de Barabási, Linked, en el que relata que la primera aparición documentada de la teoría de los seis grados fue literaria, postula que vivimos en un mundo pequeño en que todo está conectado a todo y hace una aportación importante a la teoría de redes sociales. Dediqué hora y media para leer los primeros capítulos de Bursts en la librería antes de comprarlo como regalo para una amiga con la que habíamos comentado hacía unos días la gran cantidad de datos personales digitales que dejamos de nosotros en el día a día. Porque en el libro, Barabási demuestra a partir de estos datos que mucho comportamiento humano ocurre según patrones, en “arrebatos”. En un experimento, en que usó las bases de datos de una compañía de móviles con 10 millones de usuarios en un país europeo, consiguió pronosticar el movimiento de los usuarios al combinar información sobre el lugar donde se encontraban y sus patrones de movimientos “arrebatados”. No sé, no llegé más allá del tercer capítulo, si demuestra que cada vez más comportamiento humano será predecible pero me temo que algo de eso habrá en el libro.

Por cierto, mi amiga, al regalarle el libro, me contó que una amiga suya había conocido a Barabási personalmente en una conferencia en Budapest hacía poco, lo cual me coloca a dos eslabones de él en la cadena de conocidos.

En mi viaje de vuelta conocí a una chica que iba a Sevilla para una entrevista de trabajo en el Instituto de Prospectiva Tecnológica, un centro de futurología de la Comisión Europea que “promueve una mejor comprensión de la relación entre tecnología, economía y sociedad”. Ya en el metro de Madrid me comentó que era de Miercurea-Ciuc, ciudad situada en una parte de Transilvania que se llama País Székely, que había ido al mismo colegio que Barabási – ya estoy a tan sólo un eslabón – y que sus respectivas madres eran grandes amigas.

Termino el post con una foto de vacaciones que, creo, no tiene más destello de Barabási que las iniciales: Balaton.