Una reflexión sobre el ácido lisérgico y Ciberia

Terminada la primera parte de Ciberia de Rushkoff, antes de seguir dejo una reflexión sobre el ácido lisérgico (LSD) y los matemáticos, programadores, hackers y crackers de Ciberia.

Si en Ojos de serpiente el “cerebro global integrado” se vislumbraba en forma de El Aleph, los ciberianos interpretan la red, la “infosfera”, directamente como “la etapa final del desarrollo de Gaia, el ente vivo que es la Tierra y del cual los seres humanos somos las neuronas”.

Y si esta imagen de una Tierra interconectada y nosotros como sus neuronas y su consciencia me resulta bonita, tampoco deja de ser una conexión imaginada (con “los otros”, “la humanidad”, “el planeta”…) como la que hay detrás de conceptos como la nación o el género.

Hace unos ocho años vi, en un pequeño cine de barrio de Budapest, un documental con el título ¿Hay vida antes de la muerte?. En él, Andrew Feldmar, amigo del psiquiatra R. D. Laing, dice que cuanto más “hipnotizados” estemos, es decir cuanto más desempeñemos papeles en la vida en lugar de vivir y comunicar desde nuestro propio punto de vista como personas, más muertos estamos. Y cuenta cómo el LSD le resultó útil para “renacer” de esta muerte. Era para él como cuando aprendió inglés: se le abrió un mundo distinto, pudo pensar de modo distinto sobre sus experiencias y utilizar la nueva lengua para enseñar y formular cosas antes inalcanzables, indecibles pero reales. En eso consistió para él el papel del LSD; es la misma influencia que permite al caballo de carrera saltar la cerca en el post de Manuel y al viajero de Ciberia “regresar a la vida diaria sin muchas de las trampas cognitivas que antes dominaban su interpretación de la realidad”. Y en esta última frase está otra de las claves para poner el LSD en su sitio y que queda claro del revelador post de Iván: que se regresa a la vida diaria donde la imagen de Gaia, si bien inspiradora, será de poca utilidad y habrá que ponerse a trabajar.

Antes de volver al aire de la superficie :-), dejo aquí un vídeo de Feldmar porque me parece un acompañamiento guapo a esta cita de Ojos de serpiente.

Una vez que la serpiente entiende que morirás antes que dejar que te controle, entonces tú recuperas el control.

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3 Respuestas a “Una reflexión sobre el ácido lisérgico y Ciberia

  1. La verdad es que pocos mitos han sido tan reaccionarios como el de Gaia: recoge y resume toda la potencia decrecionista de la mística New Age y sus ancestros (la del infausto arquetipo del “gurú occidental”). toda la potencia tecnófoba de la culpa cristiana y todo el discurso individualista y destructivo de la “liberación por las drogas”…

    En fin, sigo planteándome si este libro merece la pena más allá de los trozos sobre juegos de rol. Acá entre los hackers europeos de la época nadie pensaba en la droga -aunque se usaran- como liberación (“23” que está más adelante es muy ilustrativa sobre esto) pero los juegos de rol nos enseñaron verdaderamente que el “soy” podía ser recreado, reinventado, liberado del contexto inmediato y por tanto si que nos “prepararon” para un modo de vida digital, el de las redes distribuidas, sobre todo Internet. Un modo de vida donde saltar de una comunidad a otra, de un contexto a otro, incluso superponerlas, tenía tan poco coste como cambiar de partida o juego.

    Ahora en perspectiva te das cuenta de que fue por ese camino que algunos llegamos a la librarnos de la nación. Siguiendo la metáfora de los muros de Manuel, fueron los juegos de rol los que nos permitieron vernos sin ellos y cruzarlos por primera vez en grupo. Osea jugando aprendimos a ser libres.

  2. Los juegos de rol me parecen más concretos y reales que la experiencia de la “pérdida del ego y renacimiento “de las drogas. El uso de un medio u otro influye, claro, en los resultados.

    Aun así, estas partes místicas del libro me sirven para conocer mejor el contexto en que surgieron o se adaptaron algunos mitos que siguen teniendo poder movilizador (cambio climático) o que, muchas veces, se presentan hoy como revelaciones recientes (libros de autoayuda).

  3. Pingback: Blavatsky, Gaia y el miedo a la diversidad « Wanderjahre

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